La palabra vitalidad, ya de por sí, es bonita. Como lo son palabras como la serenidad o la primavera. Pero todavía es más bonita cuando ahondas en ella, te invitan a definirla y a elaboras un índice de vitalidad con el que podamos medir cómo nos sentimos.

 

Si atendemos a la definición de la RAE, vitalidad es la cualidad de tener vida. Sinceramente, es una definición romántica, amplia, en la que todos estamos incluidos. Pero cuando le preguntamos a la gente, a pesar de estar vivo y tener esa cualidad, si tienen vitalidad, resulta que el 50 por ciento de la población española manifiesta no sentirse vital, tal como indica el 1er Estudio de Vitalidad en España. Así que ya partimos de algo que genera duda… “estar vivo no es sentirse vital”.

 

Vitalidad es mucho más. Y ese fue uno de los objetivos de este proyecto dar con una definición de vitalidad que permitiera posteriormente medir qué Índice de Vitalidad tenemos. La definición a la que se llegó es que “la vitalidad es un estado de energía que nos ayuda a relacionarnos positivamente con nosotros mismos y con nuestro entorno, nos moviliza para conseguir nuestros retos y nos permite llevar una vida plena».

 

Según la definición, la vitalidad se sustentaría sobre cinco pilares:

1. Actitud positiva.

Hay personas que sonríen a pesar de los problemas, que hablan en términos positivos, que se quejan poco y buscan soluciones. Personas que disfrutan de la vida, de los pequeños placeres, a las que le gusta, simplemente, vivir. No son personas que tengan mejores condiciones físicas, sociales o económicas. Sino personas que centran su atención en lo importante, en lo que emociona, lo que les hace sentir plenas.

 

2. Capacidad de adaptación y resiliencia

Problemas tenemos todos. El problema no es el problema, sino la capacidad de reacción ante la situación. Si ante un bache, si ante la piedra del camino, te centras en el victimismo, te dejas marchitar, te metes en el bucle de la desesperación, el estado anímico decae. Las personas vitales se sienten fuertes, capaces de reinventarse, buscan soluciones, aceptan la parte injusta de la vida y tratan de tirar para adelante.

 

3. Motivación y curiosidad

Una mente curiosa es una mente viva, que se nutre y aprende de lo que le rodea. Las personas vitales buscan enriquecerse y sentirse vivas. El empobrecimiento cognitivo lleva al aburrimiento y a la apatía. Una persona vital quiere aprender, descubrir, sentir nuevas sensaciones, explorar. Hasta que morimos, podemos estar vivos. Pero “estar vivo” es una actitud. Para ello necesitas enriquecer tu mente, tu cuerpo y tu espíritu. Gracias a la neurogénesis, tenemos capacidad de aprendizaje toda la vida.

 

4. Sociabilidad y empatía

Somos seres sociales. Nos gusta pertenecer a la manada, sentirnos queridos. Relacionarnos con otros es una fuente de bienestar, de protección y de seguridad. No hay nada más triste, que el aislamiento social. Por eso las personas vitales se divierten en grupo, comparten penas y alegrías, tienen amigos con los que se sienten a gusto y disfrutan de la compañía. Cuando te sientes triste y apagado sueles restringir mucho tus salidas, te da pereza quedar con amigos y no compartes las risas. Y al final terminas en el bucle negativo.

 

5. Hábitos saludables

Una persona vital descansa, se alimenta de forma sana y practica ejercicio físico. Estas tres conductas son nuestro fondo de armario, no nos pueden faltar nunca. Es imposible sentirte fuerte, alegre, vital, si cualquiera de estas patas te falla. Y lo estimulante es que estas tres actividades dependen de tu actitud. Solo tienes que priorizarlas, convertirlas en tu hábito y disfrutar de sus beneficios.

 

Y si te ves bajillo de vitalidad, no te preocupes, existe un decálogo para poder sentirte más vital.

  1. En cualquier situación, busca el qué por qué y para qué. Encontrar el sentido a tus objetivos permitirá sentirte fuerte, vital y comprometido.
  2. Pon tu atención en lo que te hace sentir bien. El mundo está lleno de noticias, información, momentos desagradables que nos minan y nos dejan sin energía. Pero también existe información, situaciones y personas que nos revitalizan. Dado que la capacidad de atención es limitada, de nosotros depende estar más centrados en lo que suma que en lo que resta.
  3. Acepta las adversidades y céntrate en lo que controlas. Cualquier preocupación tiene una parte que depende de ti y otra que no. Si centras tu atención en lo que no controlas, lo normal es que sientas frustración, incertidumbre y desesperación. La vida tiene una parte que debemos aceptar o simplemente dejar que el tiempo ordene las cosas. Muchas veces los problemas no necesitan soluciones, solo necesitan tiempo.
  4. Busca realizarte en aquello que te motiva, más allá de tus obligaciones. Sería utópico pedirle a la gente que abandonara su rutina, su trabajo o su vida para dedicarse solo a lo que le apasiona. Ojalá todos tuviéramos un trabajo y una vida que nos motivara en todos los sentidos. Pero tristemente, no es así. Así que tenemos que buscar la energía en otras actividades, como el deporte, los amigos o las aficiones. Hay muchos momentos que nos permiten ser felices y sentirnos plenos. Dediquémosles tiempo.
  5. Establece prioridades para aprovechar mejor tu tiempo libre. No hay tiempo para todo lo que nos gustaría. Así que debemos hacer renuncias y elegir en qué focalizarnos.
  6. No te aísles y busca grupos con los que compartir aficiones comunes. Estar en grupo, tener amigos, compartir o el sentimiento de pertenencia, incrementan nuestro bienestar y satisfacción. Aunque no te apetezca o sientas que no tienes un grupo con el que te identificas, haz por favor el esfuerzo de salir y apuntarte a actividades en las que puedas conocer y relacionarte con gente. Verás qué bien te sienta.
  7. Entrena tus habilidades sociales y tu empatía. Saber relacionarte con gente, poder comprender cómo se sienten, es revitalizante, en el sentido del disfrute. Cuando no sabes hablar en público, cuando crees que tu opinión no es importante, cuando te da miedo sentirte juzgado, te terminas aislando, encerrando y con ello, deprimiendo.
  8. Respeta tus horas mínimas de sueño. Nuestras pilas se recargan cuando descansamos bien. Con el ritmo frenético de vida que llevamos, tendemos a robarle horas al sueño y así, nos maltratamos. No dormir afecta a nuestras hormonas y a nuestros neurotransmisores, a nuestro sistema cognitivo e impedimos que la reparación natural de mente y cuerpo no tengan lugar. Cuando no descansas bien, además de estar más triste, también estás más nervioso y agotado.
  9. Muévete y toma alimentos ricos en vitaminas y minerales. El ejercicio, lejos de generar cansancio, te activa y te hace sentir eufórico. La práctica de actividad física complementada con una alimentación saludable, que nos aporte nutrientes tan importantes como la vitamina C,  son los pilares de la vitalidad. Eres lo que comes. Y si no te mueves, te atrofias.
  10. Ten siempre a mano verdura y fruta fresca, porque son la base de una alimentación saludable. Es tan fácil como tener siempre fruta fresca cortada en la nevera. A la hora de picar algo, tira siempre de ese tentempié.

 

Si quieres medir tu índice de vitalidad y acceder a consejos y recetas para mejorarla, puedes realizar el test www.turecetadevitalidad.es . Gracias a esta iniciativa de Zespri, pudimos constituir un grupo multidisciplinar que se dedicó durante meses a la evaluación, medición y conclusiones de este estudio.

 

Gracias a mis compañeras de estudio, Teresa Baró y Mireia Porta, y a todo el equipo de Innuo que nos ha dado el apoyo para realizar esta investigación tan positiva y enriquecedora para todo

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