Consejos para tener un corazón sano

Perico Herráiz y Patricia Ramírez

El corazón como órgano suele cuidarlo el cardiólogo. Él sabe cómo prevenir, tratar y curar la patología cardíaca. Pero el corazón va más allá de un órgano vital que late y reparte sangre por nuestro organismo. Simbólicamente, el corazón es amor, entrega, generosidad y pasión. Entendemos que cuando ponemos el corazón, ponemos el alma, y con ello, lo mejor de nosotros. Confiamos en las personas con corazón enorme porque nos sentimos queridas y protegidas. Una persona con un corazón grande desea el bien para ti, sabes que no te va a fallar, te hace sentir importante. Cuando alguien es todo corazón, es todo bondad y benevolencia. Y si a tu proyecto le falta corazón, es que le falta emoción y sentimiento.

Cuidar el corazón no solo es cuestión de salud física y de buenos hábitos de vida. También se trata de cuidar nuestra salud emocional. Porque cuanto más grande es tu corazón, más probabilidad tienes de disfrutar de lo que de verdad importa.

Cuidar del corazón tiene su receta. En el botiquín de tu salud emocional no puede faltarte…

  1. Cuidar de personas

Estamos bombardeados en las redes por mensajes que te animan a que te cuides, a que te mimes, a que te quieras. Porque, según rezan los mensajes, si no te quieres a ti mismo, no podrás querer a otros. Pero todo es relativo. Es importantísimo tenerse respeto, cuidarse, conocer nuestra valía, porque si desconocemos nuestro valor aumentamos el riesgo de perder la dignidad.

Pero quererse uno mismo nunca puede ir en detrimento de cuidar a los demás. Porque esta es nuestra naturaleza. Estamos hoy aquí, en el siglo XXI, porque hemos cuidado los unos de los otros. Porque existen personas que aman de forma incondicional, porque somos serviciales, cuidadores, entregados. Porque cuidar a otros es cuidar de la tribu. Y sin tu tribu estás destinado al aislamiento. Tenemos valor por nosotros mismos, pero también porque formamos parte de algo. Sin sentimiento de pertenencia estamos vacíos, desarraigados. Tu corazón se engrandece cuando cuidas y te entregas a otros. Sin medir, sin retorno.

  1. Ser bondadoso

 

Como dice Vicente del Bosque, se trata de rodearnos de buenas personas. Aunque sea por el propio contagio, porque todo se pega. Cuando trabajas y convives con personas buenas, tu confianza en la bondad de la gente aumenta. Te acostumbras a que te traten bien, a que te sean leales, a que te quieran ayudar y agradar. Tener la experiencia de estar rodeado de gente buena nos hace mejores.

En general en la sociedad tendemos a lo contario. Nos contaminan con mensajes sobre la maldad y las malas intenciones de las personas. Nos dicen que desconfíes, que así estarás protegido y evitarás mucho dolor. Pero no hay nada más doloroso que perder la confianza en la humanidad y convencerte de que convivimos en una sociedad rodeada de malas intenciones, porque no es así. Es cierto que las deslealtades, las traiciones, la mala idea suenan más fuerte que los buenos actos, como reza la famosa frase «hace más ruido un árbol al caer que un bosque al crecer». Pero sin duda alguna, son muchas más las personas de bien que las que te van a fallar. Porque de lo contrario, no hubiéramos sobrevivido. Esperar cosas buenas de los demás nos ayuda a encontrarlas. Condiciona nuestro foco centrándonos en la parte servicial y bondadosa de las personas. Y funciona en cadena, si te contagias, terminarás contagiando a otras.

Y sí, fallar te van a fallar. Como nos va a pasar a todos. Pero pensar en ello o esperarlo no te protege. Así que trata de potenciar el lado bueno de las personas porque así será más fácil encontrarlo.

  1. Generosidad

Vivimos para algo. Nuestra vida tiene mucho sentido. Las personas generosas gozan de un mayor compromiso con la vida y tienden a simplificar más los problemas personales. Son capaces de relativizarlos ya que el foco lo ponen en los demás, fuera  de ellos mismos. Las personas generosas tienen un corazón sano, fuerte, sencillo, y normalmente más grande, ya que cuando comparten y se dan el corazón se dilata.

Son conscientes de su valor y desean enriquecer a los demás. Y fruto de su estima personal no dudan en hacer la vida más amable y más agradable a los que le rodean. Una vida generosa fruto de la libertad personal te lleva a comprometerme más con los proyectos, situaciones, individuos, y consecuentemente reciben lo que les corresponde, en amistades sólidas, confianza, serenidad, equilibrio vital…

De todas formas, la persona generosa no se afana en buscar su propio beneficio cuando se da a los demás, sino que forma parte de su misión ayudar, pero la vida normalmente trata también con generosidad este tipo de actitudes valientes y decididas.

La solidaridad es una característica de las personas generosas, de buen corazón. Dedican tiempo, recursos y emociones a personas que lo necesitan, aunque no haya un vínculo previo entre ellos. Sufren y hacen propias las carencias y necesidades de los demás individuos e intentan paliarlas en la medida de sus posibilidades.

Estudios demuestran que las personas solidarias, que comparten sus talentos, adquieren un nivel de satisfacción y felicidad mayor, reducen sus problemas personales y el grado de autoestima aumenta. Ser consciente de que formas parte de algo grande te convierte en protagonista activo y te llena de ilusión. Incluso, ser solidario y generoso, afecta positivamente de tal modo al estado de ánimo que reduce la sensación de tristeza, apatía y vacío en personas con depresión.

  1. Perdón

Nadie nace, vive y muere perfecto. Todos somos personas limitadas, con defectos y vulnerables. Y nuestras imperfecciones dañan y hieren a los demás y producen sombras en la convivencia. Ser conscientes de ello nos llevará a pedir perdón cuando nos equivoquemos, sin ningún complejo, y a saber disculpar los errores de los demás.

Las personas que piden perdón con facilidad recomponen de manera más rápida las relaciones, curando las heridas y fortaleciendo la amistad. Es propio de un corazón grande aceptar sus limitaciones y tener una sensibilidad mayor hacia lo que dificulta la convivencia. Es empatía en acción, es sencillez y humildad.

En ocasiones los conflictos y rupturas entre las personas no es consecuencia de exigir una perfección de súper héroe sino porque nos duele la falta de tacto, de respeto, de acierto, de las personas hacia cada uno de nosotros. Un «perdón», una disculpa sincera a tiempo, muchas veces es suficiente y lo que necesitamos para sanar la herida y recuperar una positiva relación.

Las personas que no tienen ningún problema en pedir perdón se asemejan más a los niños por su descomplicación y poseen una mayor belleza interior.

  1. Poner pasión

Pasión es amar lo que hacemos. Y para ello tienes que darle valor. No se ama si no se aprecia. Amar lo que tienes implica apreciar los detalles, la belleza, las buenas acciones. Podemos estar apasionados por nuestro trabajo, por las personas a las que queremos, incluso por cada detalle que vivimos. Se puede ver una serie con pasión, se puede leer desde la pasión y se puede hacer deporte apasionadamente. Cuando desarrollas la pasión implicas a tus sentidos, a los cinco, y al del corazón.

Estar apasionado es dejarte inundar por lo que haces. La pasión puede venir de fuera, que te atrape. O puedes hacer por provocarla. Solo se trata de no dejar escapar tantos momentos y experiencias en la vida que dejamos pasar porque creemos en su repetición, en que mañana habrá otra oportunidad. Normalizamos los momentos que vivimos como si pudiéramos darle continuamente al play. Y puede ser que puedas dar al play…o puede que no.

Poner pasión es poner atención plena, es vivir despacio, es sacar jugo. Es decidir que tus momentos, tu gente, tu vida y tú tenéis tanto valor como para disfrutar de ello en cualquier circunstancia.

  1. Agradecimiento

«De buen nacido es ser agradecido», cierto, pero también puede ser una actitud aprendida después, fruto de la reflexión y de la propia elección. La vida es un regalo, vivir es una maravilla, es el inicio «del todo». Para algunas personas es un regalo de Dios, para otras del universo, otras lo ven como pura casualidad, pero en cualquier caso, lo normal, es ser consciente de que estar vivo vale la pena.

A todos nos gusta estar rodeados de personas agradecidas, de personas que saben valorar los detalles, que disfrutan lo que reciben, ya sean cosas materiales o experiencias, afectos, sentimientos, emociones.

Un simple «gracias» demuestra clase y educación, y cuando es habitual es una manera de vivir. A veces valoramos las cosas justo cuando carecemos de ellas. Así valoramos la salud cuando estamos enfermos, o la amistad cuando surge un revés. Las personas agradecidas no necesitan perder para ganar, para disfrutar. Consecuencia de su sencillez y humildad no se creen «con derecho a», y el agradecimiento sale espontáneo fruto de saberse privilegiados de vivir, respirar, sentir, amar.

Ser agradecidos predispone el corazón al asombro, a dejarse sorprender por la vida, y fortalece enormemente la salud.

  1. Desarrollar la empatía

¡Cuántos conflictos podríamos evitarnos si en lugar de argumentar para llevar la razón tratáramos de hacerlo para hacernos entender! ¡Cuánto mejoraría nuestro bienestar en las relaciones personales si nos dedicáramos a entender los sentimientos y emociones de la otra parte en lugar de querer hacer valer nuestra postura por encima de todo! Las personas con un corazón grande no necesitan llevar siempre la razón, no necesitan imponer, no necesitan ser tajantes, inflexibles o violentas. Porque por encima de tener razón está el bienestar de su entorno. No podemos ganar todas las batallas, y si tuviéramos la humildad y el respeto de interesarnos por lo que siente y piensa la otra parte, encontraríamos muchos más acuerdos que rupturas.

La empatía no implica ceder ante lo que no compartes. Significa solo entender por qué se siente así la persona o por qué ha llegado a conclusiones distintas a las tuyas. Comprender nos humaniza. Aunque no lo compartamos. Y nos enriquece, porque terminamos aprendiendo y entendiendo puntos de vista a los que sin empatía seríamos incapaces de acceder. La empatía es una fuente de conocimiento.

 

Hace meses, Perico y yo pusimos en marcha un proyecto con fines benéficos apoyado por Vida Caixa. La idea es inspirar a través de buenas personas para que otras puedan poner un poco más de sentido a sus vidas. No siempre tenemos la motivación o la ilusión de aliada. El corazón ha sido un eje transversal en todas nuestras entrevistas, porque sin ningún tipo de recompensa más que la propia de ayudar, estas personas maravillosas como las que tienes en estas píldoras se prestaron a participar en una entrevista. No preguntaron por las preguntas, ni por la duración de la entrevista, nada. Solo sabían que podían ayudar a otros y ahí estuvieron. Son personas con corazón que ayudan a otras a enriquecer los suyos.

Puedes ver estas píldoras y las entrevistas completas en nuestros canales de Youtube o en los blogs de Vida Caixa y Cooperación Internacional.

Y a partir de septiembre, puedes contar con dos conferencias basadas en este proyecto, que impartiremos Perico y yo.

  1. Ser bueno es bueno
  2. 10 Valores que inspiran

Si quieres más información sobre las conferencias, la tienes en este enlace https://www.patriciaramirezloeffler.com/personas-de-bien/

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