Las palabras creer y creencias tienen el mismo origen latino, credere. El término “creencia” es el resultado del verbo latino credere que significa creer, más el sufijo entia, que significa cualidad de una persona. Si entendemos la palabra creer tal y como la define la RAE como “tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado”, entonces entenderemos que las creencias que tenemos sobre nosotros mismos son ideas, que no siendo verdaderas o falsas, pensamos que nos definen. Nuestras creencias tienen poder sobre nuestra vida. Incluso siendo el resultado de una acción concreta, como pensar que eres un vago porque te has comprometido con tener una vida más activa y luego no has ido ni un solo día al gimnasio, no tienen sentido que las mantengas. ¿Por qué? Porque somos constante evolución. Tu creencia de ayer no tiene por qué definirte hoy.

Margaret Shih, de la Universidad de Harvard y sus colegas, realizaron el siguiente experimento. Cogieron a un grupo de mujeres asiáticas a las que les pidieron que realizaran unos ejercicios de matemáticas. A una parte de las mujeres les dijeron antes de realizar los test que recordaran que eran mujeres, y que según este estereotipo, eran peores en resolver problemas matemáticos en comparación con los hombres. A la otra parte de las mujeres se les pidió que antes de resolver los ejercicios, recordaran que eran asiáticas, y que en comparación con otras etnias, tenían más facilidad para resolver temas matemáticos.

¿Qué pensáis que ocurrió? Que aquellas mujeres que habían sido primadas con unas creencias que favorecían la solución matemática, como pensar que eran asiáticas y que partían con ventaja, ciertamente les produjeron una ventaja. Realizaron muchísimo mejor sus problemas de matemáticas.

Las creencias que tenemos sobre nosotros mismos condicionan poderosamente nuestra solución de problemas, de conflictos, las decisiones que tomamos en la vida, la confianza y la seguridad con la que trabajamos, nos relacionamos o simplemente vivimos, y por supuesto, nuestro éxito.

La imagen que tienes de ti en el presente, pero también el potencial que ves de ti en el futuro, es en gran parte la medida de tu éxito. Si deseas aprender a tener creencias que sumen, que condicionen tus oportunidades y cómo aprovecharlas de forma exitosa, igual puedes entrenar los siguientes puntos.

 

Focus

La mente encuentra lo que va buscando. Si te das mensajes negativos, condicionas a tu cerebro para que encuentre la información que le estás dando. Es así de fácil. Tu mente funciona como un GPS. Si le das la ruta equivocada, actuará en función de esas coordinadas. ¿De verdad crees que si te dices a ti mismo “no soy capaz de superar este examen o esta prueba, no estoy al nivel de los demás” tu mente se va a creer que eres increíble, que sacarás tu mejor versión y lo darás todo? Para nada. Tu mente actúa en función de tu autohabla. Así que por favor focaliza en lo que es positivo.

 

¿Qué te dice la experiencia sobre tus éxitos del pasado?

Olvídate de contemplar todo aquello en lo que puedas fracasar. Esto no significa que seas imprudente y dejes de tener en cuenta errores posibles con el propósito de prevenir. Significa que en lugar de anticipar el fracaso, anticipes cómo vas a tener éxito y qué necesitas hacer para ello. Como dice Shawn Achor en su maravilloso libro The Happiness Advantage, focalizarte en fortalezas del pasado cuando te encuentras ante una dificultad, te ayudará a sentirte más fuerte y resolverla mejor.

 

Háblate como quien se siente poderoso

El mensaje y cada palabra que te dices, son importantes. Las creencias que tienes sobre ti mismo no son ideas impuestas. Son simples mensajes que te has llegado a creer, pero que están compuestos de palabras y frases. Si cambiamos el vocabulario, cambiamos el sentido, las emociones y tu éxito futuro.

Nadie consigue una buena ejecución partiendo de una idea limitante. No se trata de que te engañes con falsas creencias, como que canta bien si tienes un oído en Cuenca y otro en Sebastopol. Pero sí de que te des ánimo, fuerza, energía, que te centres en pensar en grande sobre ti mismo.

 

Cuida la visión que tienes de ti

Si tuvieras que completar una lista de frases que empezaran por “yo soy…”, ¿qué conclusiones sacarías de esa lista? ¿Sería una visión positiva de ti mismo? La manera en cómo te percibes es la manera en cómo actúas. La visión positiva de ti mismo depende de a qué dedicas más análisis. ¿Es a tus errores o es a tus éxitos? Deberías dedicar un tiempo a analizar tu pasado exitoso. Saca conclusiones sobre cómo conseguiste tus logros.

 

La visión que tienen los demás de ti

Muchas personas brillantes no se ven tan brillantes como lo son. Incluso se asombran de la percepción positiva tienen de ellos los de fuera. Esto suele deberse a varios motivos, desde el nivel de perfección y exigencia con el que dirigimos nuestra vida a la facilidad con la que ponemos nuestros talentos al servicio de los demás. Solemos quitarle valor a todo lo que realizamos de manera fácil. Los talentos personales permiten que realicemos una determinada actividad de forma extraordinaria y sencilla. A nuestros ojos parece fácil, a los ojos de los demás puede ser una obra de arte. El hecho de que se nos haga fácil nos lleva a que no lo valoremos lo suficiente y que no demos crédito a lo brillantes que somos. Eres bueno…y no lo sabes. Eres mejor de lo que imaginas y no lo sabes.

 

Tu potencial

El mundo se divide, entre otras, entre los que piensan que “son así” y los que creen que “son moldeables, que hay lugar para el aprendizaje y que las capacidades pueden entrenarse y mejorarse”. Huye de los “yo soy así”. Suelen ser poco flexibles, poco dados al cambio. Cuesta convivir y trabajar con ellos. Y si tú eres uno de ellos, debes saber que existe una facultad humana que es la plasticidad cerebral. Nos permite generar nuevos aprendizajes continuamente. Así que tú eres o que desees ser.

 

Si pensar mal de ti, si criticarte, no funciona, ¿por qué no dejas de hacerlo?

Para tener éxito en la vida no puedes partir de una idea mediocre, ni para un proyecto ni para ti. ¿Alguien te compraría un servicio o un artículo del que hablaras mal? No, ni de broma. Nadie lo haría. ¿Alguien confiaría en ti si hablaras mal de ti en alto? No. Les harías dudar. Pues lo mismo le ocurre a tu cerebro. Cada vez que dudas de ti, cada vez que te criticas, tu cerebro también desconfía de lo que eres capaz. Deja esta práctica, por favor, no está demostrado que funcione en ninguno de los sentidos.

 

Conecta con el amor y el respeto que debes tenerte

El respeto empieza por uno mismo. Para sentirte valioso y capaz necesitas tenerte el mismo respeto que tienes a los que amas. Dedica un momento al día a cerrar los ojos, estar tranquilo y conectar contigo. Háblate con cariño, con respeto, con amabilidad. Verbaliza que todo está bien…aunque no lo esté. Necesitas un espacio de bienestar para ti incluso cuando fuera hay tormenta.

 

Decía Henry Ford, sin ser conocer de los estudios de la profesora Margaret Shih, que «tanto si crees que puedes como si no, tienes razón». Y ahora la ciencia le ha dado la razón.

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