Nos quejamos continuamente de las personas tóxicas que tenemos al lado y tratamos de aprender a manejarlas. Pero, ¿te has planteado tú si eres de esas personas que deja mal rollo o si eres de las que uno está deseando no volver a ver?

Te comportas de forma tóxica cuando…

 

Te quejas continuamente.

Hay personas que siempre tienen la queja en la boca. Se quejan porque el camarero tarda en atenderles, se quejan porque llueve, porque hace sol o porque no cambia el tiempo, se quejan del tráfico, de la luz de la oficina, de que es martes, o domingo o de que empieza la semana. Se quejan y se quejan en alto, porque si solo se quejaran para adentro, no pasaría nada. Pero tener que escuchar a esta gente, ya sea de forma esporádica o diariamente, te desgasta. Estas personas son fácilmente identificables incluso cuando no las conoces. Son esas que en la espera del médico, de Correos o en la cola del súper, están quejándose de algo y además, buscan tu complicidad. Si eres de estas, para. Cada vez que vayas a quejarte piensa si a alguien le interesa tu queja. Seguro que no.

 

Criticas a la gente.

Las personas criticonas buscan defectos en los demás. Su mundo trae defectos de serie en las personas. Critican la forma de trabajar, los éxitos conseguidos, los fracasos, la forma de vestir, la persona que tienen de pareja, los amigos. Criticar forma parte de su deporte nacional. Muchos tóxicos graciosillos dicen “no es criticar, es referir”. Anda, anda, anda. Si eres de estas personas, trata de buscar contenidos un poco más atractivos, no hace falta devorar a Kafka y compartir luego tus impresiones, pero el mundo está lleno de noticias maravillosas y gente estupenda de la que se puede hablar bien.

 

Hablas en términos negativos.  

Las personas negativas hablan de problemas, de lo que va mal en el mundo, todo lo interpretan como una catástrofe y anticipan fracasos en lugar de centrarse en soluciones. Todo para ellos suena a dificultad, a marrón, un peligro, un riesgo. Si viajas te vas a encontrar con un atentado, o te pondrás enfermo y no te podrán atender; si la vecina se separa ya te avisan de que tengas cuidado con tu marido que la cosa está muy mal y si van al médico piensan que es un tumor y no un simple catarro. Si eres una persona negativa, rara vez disfrutas del éxito, de la buena suerte o de lo que sale bien, porque enseguida estás pensando que por muy bueno que sea el momento, algo se va a torcer en breve.

 

Eres malintencionada.

La palma de la toxicidad te la llevas si eres de las personas que se alegran del mal ajeno, del fracaso de tus compañeros o amigos. La envidia les puede a estas personas, las diseca sacando toda la mala leche que llevan dentro. Están esperando que los demás caigan para sentirse ellos válidos. Porque el fracaso de otros es su éxito. No dan puntada sin hilo. La persona malintencionada busca cómo fastidiar adrede. Si eres de este tipo de espécimen, trata de arreglar tu vida para disfrutarla de forma plena en lugar de esperar a que otros revienten. Tu vida está bajo tu control, la vida de otros no.

 

Echas la culpa a los demás de lo malo que te ocurre.

¿Careces de locus de control interno? No, no es una función de tu ordenador ni una aplicación del teléfono. Es una función que no traemos en el código genético pero que desarrollarla nos permite ser más responsables con nuestra vida, nuestro entorno y con los demás. Hay personas que ven en el otro la culpa de todo: de su tristeza, de no seguir formándose, de no salir con amigos, de comer mal, de no dejar de fumar. Por si no lo has leído, te aconsejo leer Cuenta Contigo, es mío pero está muy chulo. No son los demás los que condicionan tu estado emocional y tu nivel de compromiso con la vida, eres tú y la capacidad de reacción hacia lo que ocurre fuera.

 

Te lo dije.

Si ya quieres terminar de repatear a alguien, suéltale un “te lo dije”. Por mucho cariño que le pongas, sienta como tres patadas. Y lo peor es que la otra persona siempre está indefensa ante esta palabra porque sabe que se lo dijiste, lo sabe. Pero te digo una cosa, es lo último que puedes decir a alguien a quien aprecias. Esa persona ya sabe que se lo dijiste. Solo necesita de ti apoyo, no hurgar en la herida. Así que si percibes que en estas situaciones te evitan, ya sabes que están esperando un “te lo dije” de ti.

 

Faltas el respeto a los demás.

Es muy desagradable compartir tiempo con alguien que te habla con desprecio, te humilla, te levanta la voz, te ridiculiza o se comporta irrespetuosamente contigo. Aunque tengas mucha confianza con la persona, trata de cuidar las formas. Las palabras dejan cicatrices.

 

Te comportas de forma imprudente.

¿Hablas de los demás sin pedir permiso?, ¿Haces juicios de valor gratuitos? Las personas imprudentes se quedan en evidencia y generan momentos ridículos e incómodos para los demás. Antes de hablar, piensa, ¿es prudente lo que voy a decir?, ¿la persona de la que voy a hablar le gustaría que contara esto?, ¿me arrepentiré de dar esta información? Tienes un sistema reflexivo, haz uso de él.

 

Si te sientes identificado, no te deprimas, no le eches la culpa a otro, no te digas “ves, me lo dije”, no te faltes el respeto criticándote por ser tóxico, no te quejes…simplemente, cambia. Es tu momento y el de muchos otros que se alegrarán de que tomes la decisión de convertirte en una persona de bien, divertida y positiva.

 

Y acuérdate del humor, es clave en la vida y te confiere control.

Compartir en: