Muchas veces creo que confundimos el término. La zona de confort se define como ese lugar en el que casi todo es predecible y en el que asumes poco riesgos. Tu estilo de vida, el mismo recorrido para ir a trabajar, comer en los mismos restaurantes, realizar desde hace quince años el mismo trabajo, vestirte de la misma manera. La zona confortable nos da control y seguridad. Hay pocas cosas que puedan fallar dentro de tu estilo de vida y pocos errores que puedas cometer. Al fin y al cabo, todo es conocido. Para mí, estar en la zona confortable, implica estar disfrutando y a gusto con tu estilo de vida. E incluso estando feliz dentro de él, hay personas con curiosidad por probar nuevas experiencias y salen de ella para enriquecerse en alguna faceta.

 

Pero estar en la zona confortable no siempre es sinónimo de confort, igual lo es de seguridad, de predictibilidad, pero no de confort. Y si no piensa en las parejas que siguen juntas porque no saben estar solas pero que no se aman; en la gente que acude cada día a un trabajo que le da seguridad pero que no lo disfruta, a los que por sus miedos se quedan en el sillón de casa sin atreverse a apuntarse a un grupo que les dé vidilla y en el que conocer gente nueva; a la gente que no viaja por miedo a los transportes públicos. Todos ellos están en su zona, pero no precisamente confortable. A esta zona la llamo yo la zona de bloqueo. Es una cárcel que te atrapa. Permite tener la incertidumbre, la frustración y el miedo bajo control, pero a la vez impide que vivas una vida plena, atrevida, alegre, apasionada, distinta.

 

¿Estás en la zona de bloqueo? ¿Te gustaría romper con esa persona que te marchita, te hace daño, te exige, te controla, pero sin la que crees que no podrías vivir?, ¿Te gustaría viajar, conocer gente nueva, visitar lugares, culturas o gastronomías?, ¿Querrías en un futuro, próximo o lejano, poder tener un trabajo al que te apeteciera ir el lunes?, ¿Querrías perder algo de peso, hacer ejercicio, comer de forma distinta, vestirte con ropa diferente? Cuando uno está en la zona de confort soñando con un mundo y una vida distintos, entonces está en su zona de bloqueo.

 

Cada persona tiene su ritmo propio y salir de la zona de bloqueo es una elección, no una obligación. Las personas que tratan de esforzarse, de vivir una vida plena, a veces les gusta contagiar a los demás. Suelen ser muy insistentes con los suyos. Es una conducta generosa y altruista el querer ver a los demás felices, pero a veces, insistir, solo consigue que el otro se sienta mal e incapaz por no tomar las decisiones que le estás sugiriendo. Todas las personas tenemos la libertad de vivir nuestra vida como nos plazca, sin tener que ser juzgadas por ello. Y eso también incluye decidir vivir en la zona de bloqueo. Pero si en algún momento eliges salir de ella, se puede, con esfuerzo, pero se puede.

 

Para salir de la zona de bloqueo…

  1. Aprovecha tu malestar para que tenga un fin positivo. Si de todas formas ya estás sufriendo en la zona de bloqueo, soñando con ser algo que ahora no eres o vivir una vida que ahora no tienes, qué más da un pasito más. Si sales de la zona te vas a encontrar solo, con errores, con incertidumbre, con una vida que a priori, que puede dar vértigo. Pero si de todas maneras ahora ya estás incómodo, por lo menos permite que esas emociones desagradables sirvan para encaminarte a otro lugar, no para dejarte parado dónde ahora estás. Romper con el pasado, tomar decisiones, salir del bloqueo, de entrada, no te dará la felicidad, pero te aproxima a ella. Dónde no la vas a encontrar es en el lugar en el que estás ahora.
  2. Busca ejemplos a tu alrededor de aquellos que lo han conseguido. Hablar con gente como tú, que te cuente su experiencia, sus dificultades y cómo consiguieron llevar una vida mejor, puede ayudarte a entender las fases por las que vas a atravesar. Con ello no eliminas la incertidumbre, pero sí permite que te familiarices con ella.
  3. Haz memoria sobre tus éxitos pasados. Seguro que tienes experiencias de éxito y momentos de dificultades en los que te superaste. ¿Cómo lo hiciste, qué dicen esas experiencias pasadas y exitosas sobre ti? Quien tuvo, retuvo.
  4. Piensa en el largo plazo y en cómo mejorará tu vida. Ahora no lo ves, ahora cuesta, ahora es un esfuerzo, ahora es inversión, ¿pero qué te espera mañana? ¿Cómo será tu vida, tu profesión, tu ocio, tu cuerpo, tu espiritualidad? ¿Qué puedes ganas? Trata de hacer un mural o llevar una libreta, algo que te inspire, en el que puedas apuntar tus avances, cómo te vas acercando, qué vas ganando y cómo vas mejorando. Estar en contacto con el futuro y los pasos diarios te acercan a él, hará que no parezca algo tan lejano.
  5. Ten paciencia. Es importante hacer cambios profundos pero permanentes. Son más importantes que las medidas drásticas e inmediatas. Un cambio de hábitos requiere comprenderlos, entrenarlos y conseguir que pasen a formar parte de la rutina. No se trata de perder peso de forma inmediata, sino de aprender a comer de forma distinta. No se trata de dejar tu trabajo de forma radical, sino de ir formándote poco a poco para que el día que sueltas puedas agarrarte a la liana de tu nuevo proyecto. Los cambios requieren tiempo.
  6. Acepta el error, va acompañarte toda la vida. Si sales de tu zona de bloqueo para emprender algo nuevo, ten por seguro que te vas a equivocar muchas veces. Todo lo nuevo requiere un aprendizaje, coger experiencia, y el aprendizaje, pasa por equivocarte. Acepta el error como parte del proceso. Sin más justificación, sin machacarte. Solo necesitas analizarlo para saber qué hacer de forma distinta. Piensa “¿qué tengo que hacer de manera diferente la próxima vez?”.
  7.  No existe el momento perfecto, así que simplemente, camina. No se trata de darle la vuelta a tu vida en dos días. Vete haciendo algo cada día o cada semana. Ten un espacio en tu casa dedicado para el cambio, con libreta, papeles, colores, en el que apuntar ideas, planes, en el que ir configurando lo que quieres. Si tu cambio tiene que ver con el ejercicio físico, empieza por caminar, por moverte en casa, por subir y bajar escaleras, igual no hace falta que pagues una matrícula cara de gimnasio. Sé creativo para empezar, pero empieza.
  8. Sustituye. Parte de los hábitos que tenemos no nos favorecen. Para generar el cambio, a veces es más fácil sustituir algo antiguo por algo nuevo. Piensa de qué te puedes desprender para hacer hueco a lo que deseas.

 

Eres libre de elegir el cambio y sobre todo el momento. No te dejes influir por la corriente de quien quiera contagiarte de lo que a ellos les funciona. Pero sí tienes que saber que existe otro tipo de vida, divertida, plena y serena. Y que en el momento en el que tú lo decidas, esa vida, está para ti.

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