Vivimos en un mundo en un mundo en el cual tenemos de todo, no nos preocupamos por nada, no pensamos en los demás, tan solo en nosotros mismos. A la primera que algo no nos gusta ponemos malas caras, a pesar de que no nos sea necesario. Si pedimos nueva ropa, la compramos; si pedimos un tipo de chocolate, se crea; si necesitamos un móvil, existen mil tipos para poder elegir con cuál quedarte. Cuando salimos a la calle vamos seguros, tranquilos, sin preocupaciones y como egoístas que somos, no nos damos cuenta de que no todo el mundo vive con nuestros privilegios, no todos tienen más de una prenda para ponerse, ni todos los alimentos que quisieran, no todos tienen esa seguridad que tenemos nosotros al salir a la calle. Y lo peor de todo es que no somos conscientes de la situación del resto del mundo. No somos realistas.

Es lo que me ocurrió a mí el otro día cuando tuve la suerte de asistir a una charla de un periodista, Gervasio Sánchez. Durante la exposición de su trabajo nos mostró la principal base de este: las fotografías. Gervasio es un periodista de guerra, es decir va a sitios conflictivos donde hay guerras o las ha habido y capta y escribe esos momentos. Y al ver todas esas imágenes, al oír las historias que escondían, agradecí la suerte que tengo de haber nacido donde he nacido. Me pongo en el lugar de niños de mi edad que viven en esas condiciones y no me lo puedo ni imaginar, a saber cómo estaría yo. Admiro muchísimo a toda la gente que ha pasado por estas situaciones y a los que lo están pasando en estos momentos, por su valentía, fuerza y capacidad de sobrevivencia.

Durante la charla me di cuenta de la cruda realidad. De que no todos estamos en la misma vida, que ahora mismo un niño de catorce años puede estar matando a alguien, que una chica de doce años puede estar teniendo a su primer hijo y que mucho más de un millón de personas están ahora mismo muriéndose de hambre.

Necesitamos cambiar. Necesitamos un cambio, organizar el mundo de otra manera porque todos tenemos los mimos derechos de vida y no los respetamos. La gente se mueve por intereses y no tiene presente el humanismo.

No podemos acabar con el hambre ni con las guerras pero todos podemos contribuir. De la charla salí tan impactada que decidí que tenía que hacer algo y pensé en como relacionarlo con la carrera que quiero estudiar. Y recordé que durante la exposición, Gervasio, mencionó las ayudas que reciben los niños tras las guerras debido a los traumas y problemas que les causan. Y se me ocurrió ayudar de esta manera ya que voy a estudiar psicología infantil. Espero que para el futuro no haya niños en estas circunstancias, que la gente tenga consideración y razonamiento. Pero nunca se sabe lo que puede pasar. La gente es muy impredecible.

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