No quiero ser madre y no quiero sentirme culpable

Las personas creen que tener hijos es cerrar un círculo, que forma parte del proceso natural y que tiene que darse sí o sí. Por desgracia suele estar mal visto que una mujer no tenga el deseo de ser madre. Se enjuicia a estas mujeres pensando que no sabrán lo que es el amor incondicional hasta que no sean madres. Lo que no ocurre con la idea de paternidad.

Otro juicio de valor es que no tener hijos es una decisión egoísta. Todavía en esta sociedad, dedicarse tiempo a uno mismo, pensar en uno mismo y mirar por uno sigue pareciendo algo negativo. La RAE define la palabra egoísmo como un “inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”. La mujer que no desea ser madre seguro que atiende las necesidades de su pareja, de sus padres, de sus compañeros de su trabajo y de sus amigos. Solo decide no atender las necesidades de un proyecto que no desea tener. Nada que ver con el egoísmo.  Puede incluso que esa mujer milite en una ONG y sea mucho más solidaria y altruista que cualquiera otra con cuatro hijos. Pero si no desea ser madre, es egoísta. Por esta regla de tres, ser madre también podría ser contemplado como un gesto egoísta. Al fin y al cabo, tener un bebé es complacer un deseo personal, es atender la necesidad, a veces casi obsesiva, de ser madre, porque al bebé nadie le ha preguntado si desea nacer, si desea hacerlo en este hogar determinado, si ésta es la educación que desea recibir o si es el colegio que hubiera elegido.

Y qué decir si hablamos de la religión, sea cual fuere. Una de las misiones de la mujer en la tierra es ser madre, así que como dice la autora y ensayista Corinne Maier, la negación de la maternidad es “la negación de la voluntad de dios”. Aquellas mujeres que se han educado en valores religiosos pueden verse ante un conflicto que les hace sentir malas personas, culpables por decidir no ser madres y verse obligadas a justificarse ante todo. Si la educación religiosa ha hecho estragos en la educación sexual y ha generado traumas y miedos en las relaciones sexuales, imagínate el sentir de aquellas mujeres que se ven contradiciendo los valores recibidos en casa y al deseo de Dios.

¿Cuáles son los motivos por los que una mujer no desea ser madre?

Una responsabilidad que no quiere asumir. Muchas afirman que serían buenas madres pero que de forma libre y meditada han decidido no tener esa responsabilidad. Hay compromisos y obligaciones en el trabajo, con la familia actual, con la gestión de la casa y no de sean añadir una nueva.

El sistema no favorece conciliar la maternidad con el trabajo. Muchas son las mujeres que piensan que ser madre es poner freno durante unos años a su proyecto y proyección profesionales. Mientras ellas hacen el alto en el camino, pasan por el embarazo, el parto y la baja de maternidad, siempre hay otra persona detrás que ocupa su puesto, promociona dónde le hubiera tocado promocionar a ella o qué decir si es autónoma y con ello pierde clientes y oportunidades. Es cierto que cada decisión que tomamos en la vida tiene unas ventajas y otras pérdidas, pero muchas mujeres sienten que no tienen el respaldo o la ayuda suficientes para tomar esta decisión.

Tener otras prioridades: viajar, no tener pareja estable, estudiar otra profesión, lo que sea. Tener hijos incluye la palabra renuncia. Y a la mayoría de las que somos madres nos encanta hacer esas renuncias. Pero debemos respetar a las mujeres y hombres que desean no hacerlo. El tiempo es de quien lo posee y debe gestionarlo como decida. Su estilo de vida no encaja con la dedicación que requiere un hijo.

No gustarles el mundo en el que viven y sus valores. Piensan que pintan bastos. Que el planeta y los valores se están deteriorando y no quieren participar de lo que contemplan como un circo. No es misantropía, es una escala de valores en la que no encaja tener un hijo en un mundo materialista, agresivo, competitivo, autoritario, poco cívico, voraz, que se deteriora y con unos valores que ven difíciles de encauzar.

Miedo. No se sienten preparadas para educar ni responsabilizarse de un bebé. Hay muchas mujeres que han sufrido de pequeñas, que no han tenido una infancia feliz, que relacionan parte de sus fracasos y frustraciones actuales con el estilo educativo y los padres que tuvieron. Les da miedo repetir el modelo, tener hijos que puedan sentirse igual de desdichados y no saber hacerlo bien.

No tienen instinto maternal. Respecto a este punto hay controversia. Varios son los antropólogos como Nancy Scheper-Hughes que afirman que tal instinto no existe. Y que el deseo viene más de la imposición social y cultural a la que se ve sometida la mujer. Una cosa es el deseo, que ambos progenitores puedan tener, y otra cosa, el instinto. Los estudios no son concluyentes respeto al reloj biológico. Sí pudiera ser, que con el nacimiento del niño, padre y madre desarrollasen una necesidad vital de protección. Muchos son los padres que afirman que haber visto nacer a su hijo les cambió el sentido de la vida y los valores, y los cargó de responsabilidad positiva. Pudiera ser que algunas mujeres lo tuvieran y otras no. El instinto maternal está más relacionado con el vínculo que se genera después del parto, en el que la madre no para de pensar en su bebé, convirtiéndose el pequeño en su prioridad, al que protege renegando de muchas de sus necesidades, como es el sueño. Este instinto es vital para proteger a un bebé que sin el cuidado de sus padres sería inviable su supervivencia. Otras mujeres describen una necesidad imperiosa de quedarse embarazadas y con ello desarrollan una sensibilidad a todo lo relacionado con la maternidad y los bebés.

Motivos económicos. Los niños no vienen con un pan debajo del brazo. Los niños nacen con muchas necesidades y gastos. Es cierto que una vez que están en el mundo, la familia se vuelca para ayudar y que donde comen dos, comen tres. Pero hay parejas a las que su sentido de la responsabilidad les lleva a no querer sacrificar su estrecha economía o la de sus padres. Es un acto de sentido de común.

Ninguno en concreto: sencillamente no lo desean. En estos casos, muchas son las personas de alrededor que les dicen que en algún momento se verán iluminadas por el deseo de serlo, como si sus vidas ahora no tuvieran sentido. Hay personas que no conciben la vida sin la idea de concebir y por ello transfieren sus valores y sentimientos a otras mujeres. Pero lo cierto es que estas mujeres y sus parejas viven una vida plena y satisfecha, rica en diversión, proyectos, relaciones sociales, aficiones, responsabilidades, compromisos y otros intereses. Sus vidas son atractivas y no necesitan nada más. Y esto cuesta ser entendido por quien no contempla una vida sin hijos.

No les gustan los niños. Este igual sea el punto más controvertido, porque afirmar que no te gustan los niños te hace parecer despiadada. Pero la realidad habla: existen hoteles, restaurantes y planes de viaje a los que se prohíbe la entrada a las parejas con hijos y son exclusivos para personas sin niños. ¿Por qué? Porque los niños, sinceramente, son para sus padres. Yo soy madre, he incidido mucho en que mis hijos sean educados y respetuosos y reconozco que me molesta oír gritos, niños maleducados, niños corriendo y sin saber comportarse cuando estoy comiendo tranquilamente en un restaurante. Y más aún me molesta oír los gritos de padres desquiciados dando voces a sus hijos porque no les obedecen. Entiendo que para muchas personas pueda ser muy molesto y altere su paz y equilibrio. Hay personas a las que no les gustan los animales y otras a las que no les gustan los niños. Y es tan respetuoso como otras opciones en la vida.

Hasta hace bien poco ser madre era uno de los objetivos incuestionables en la vida. La mujer tampoco disfrutaba de lo que ahora posee: independencia económica, un trabajo que disfruta, en el que puede sentirse realizada y feliz, la idea de familia con o sin pareja, entrar y salir y divertirse a su antojo, independencia emocional y muchas otras opciones. En este estilo de vida puede que los hijos sean una opción, una elección, pero ya no son una imposición.

Estas mujeres se ven sometidas a una fuerte presión del entorno. Así que, si deseas poder contribuir a su felicidad y paz, sigue estos consejos:

Ante todo, respeta. El respeto es la base de las relaciones personales satisfactorias. Trata de respetar las decisiones personales de cada mujer y de su pareja.

Se flexible para abrir la mente y dejar de rechazar todo lo que no sea la costumbre y las imposiciones.

No reproches. Dejemos de aconsejar a quien no necesita el consejo “ya te llegará el momento”, “a ver si luego va a ser tarde”, “todo llega hija, todavía no eres lo suficientemente madura”. Deja de querer abrirle los ojos a quien ha pensado, reflexionado, decidido y tomado una decisión. No necesita consejos ni interferencias. Si los necesitara, ya te los habría pedido.

No machaques. La mujer que decide no tener hijos “no se está perdiendo lo mejor de la vida”, tampoco se va a quedar sola ni va a aburrirse. Solo tiene una escala de valores distinta a la tuya, nada más.

Deja de pedirle explicaciones. No tiene por qué dártelas, las tenga o no las tenga, tengan fundamento o no lo tengan para ti.

Las estadísticas hablan. En torno a un 20 % de mujeres deciden no ser madres y no se debe solo a motivos de infertilidad. Ser padres hoy es una elección condicionada por el estilo de vida. Todo cambia, y este estilo de vida tiene ya su término en inglés: childfree, lo puedes encontrar definido en el Oxford English Dictionary.

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