Hay personas que a primera vista nos caen bien y otras que no. En segundos somos capaces de etiquetar a una persona y clasificarla como inteligente, atractiva, simpática, buena gente, heterosexual u homosexual, religiosa, de derechas o de izquierdas y un sinfín más de características que deducimos cuando nos presentan a alguien. En esa rápida evaluación, también decidimos si es amigable o no, si nos apetece tener relación con ella o no.

Hay personas a las que incluso conocemos desde hace mucho tiempo y que, sin motivo aparente, no tragamos. No nos caen bien. No nos han hecho nada, pero simplemente, no nos caen bien.

¿Qué factores influyen?

 

Comunicación no verbal

Tiene un efecto poderoso. La comunicación no verbal es todo lo que transmitirnos con nuestro cuerpo y expresión facial. Una sonrisa sincera siempre conquista a los demás. Una sonrisa es un indicativo de que estás relajado, a gusto con el momento y con la gente y que tienes un claro interés en estar bien con esa persona. Alguien que te sonríe, sin conocerlo, es alguien que de entrada, y suele caerte bien.

Puedes acompañar la comunicación no verbal de una postura relajada, sin cruzar los brazos delante de ti, acompañando tu habla gestos amables con las manos.

La expresión facial en su conjunto también es importante. Hay personas que cuando no expresan nada parecen estar serias o enfadas y otras que muestran una cara amigable. Esta expresión la puede modificar el hecho de sonreír más.

 

Simpatía

La persona simpática te hace la vida fácil y te llena de energía positiva. Es complicado de describir, porque se trata de una forma de ser que te hace atractivo ante los demás y forma parte del carisma. La persona simpática suele sonreír, confía en sí misma, es extrovertida, te pregunta, habla de cosas alegres, te hace cumplidos, se interesa por ti, es emocionalmente expresiva, es atenta, parece fiable y todo esto le sale de manera natural. La persona simpática te deja una huella positiva.

 

Sentido del humor

Es maravilloso poder relacionarse con personas que saben reírse de uno mismo, de las circunstancias y de la vida en general. Lo contrario de tener sentido del humor es ser, más que serio, rancio. La persona que no tiene sentido del humor se toma todo como si fuera un ataque, elige batallas sin sentido y convierte momentos que pueden ser graciosos en momentos de tensión. Tener sentido del humor no es ser un bromista, es quitar dramatismo a la vida, ver los problemas como algo salvable y mantener la serenidad ante la adversidad. La persona con sentido del humor suele ser alguien de mente flexible y poco quejica, capaz de relajar el ambiente.

 

Amabilidad

La persona amable es detallista contigo, te trata con educación, cariño y deferencia. Tiene cuidado de no herir tus sentimientos no soltando comentarios inapropiados o groseros. La persona amable se anticipa a tus necesidades. No espera que tú pidas, se ofrece.

 

Admirar algo que nos falta

El deseo de tener una cualidad de la personalidad de la que uno carece, permite admirar a alguien. La admiración nos convierte en espectadores y en imitadores de algo que nos gustaría tener. Nos suele caer bien la gente a la que admiramos, aunque sea por el reto de llegar a ser como ellos. Son una fuente de inspiración de aquello que queremos ser o alcanzar.

 

Parecido

Cuando reconocemos un rasgo positivo nuestro del que nos sentimos orgullosos en la otra persona, aumenta la conexión. Nos podemos parecer en la forma de ser, en el ocio que se comparte, en los valores con los que vivimos o las inquietudes que tenemos. Es fácil relacionarse con gente parecida a uno. Facilita la empatía y la comprensión. Nos gusta tener al lado gente que se nos parece porque desarrolla el sentimiento de pertenencia “somos runners, somos buena gente, somos cocinitas, somos caseros, somos pacientes”.

 

 

Discreción

Tendemos a sentir rechazado por la gente que te cuenta su intimidad y sobre todo, la de otros. Hay personas que no saben dónde está el límite y llegan a contar temas que generan tensión, desde conflictos de pareja a prácticas sexuales que no interesan más que a la pareja. Contar asuntos personales es algo que uno tiene que tener muy claro con quién. Pero lo que está fuera de lugar siempre es contar temas indiscretos de otros. Hazte siempre esta pregunta, ¿la persona de la que estoy hablando querría que yo contara lo que estoy contando?

 

Optimismo

La persona optimista suele ser alguien con quien apetece hablar porque después de tener una conversación con ella, te sientes con las pilas recargadas. Da gusto escuchar soluciones, ideas, creatividad, sentido del humor y sentir que la vida es más fácil de lo que otros catastrofistas ven. La persona optimista no es una ilusa incapaz de ver las tragedias reales, solo que las acepta y no las convierte en el centro de atención o el tema principal de una conversación. Hay personas que nada más llegar te cuentan todas las desgracias que han visto; el avión accidentado, la vecina a la que le ha dado un ictus, el hijo de Fulanita que el pobre chaval no encuentra trabajo, el último atentado y el ciclón que azota la costa del Caribe. Y en diez minutos te ha hablado de tragedias, muertes, enfermedades, el paro, el terrorismo y no te han dicho que su hijo ha sacado una notaza en el examen de ingreso a la Universidad o que ha tenido una semana tranquila y divertida en el trabajo. No lo cuentan porque no son conscientes de que en el mundo ocurre de todo, ocurren cosas buenas y muchas otras que no lo son. Pero si no se atienden, es como si no existieran.

 

Aspecto físico

Es una pena decirlo, pero la gente con algún tipo de atractivo físico tiende, en un principio, a caer mejor. Asociamos el atractivo con características personales tan importantes como el estatus, la inteligencia, la formación o la educación. Y por mucho que no queramos hacer juicios de valor, todos, todos, de forma no consciente o consciente, los hacemos. Los estudios de investigación demuestran que los rostros con cicatrices o con tatuajes pueden tener mayor probabilidad de ser identificados como delincuentes en una rueda de reconocimiento, que aquellos rostros que no tienen este tipo de marcas.

En esta sociedad en la que lo bello es bueno, también nos dejamos seducir por el aspecto físico para elegir amigos o para decidir quién nos cae bien o mal. Claro está que cuando la relación avanza y tenemos datos objetivos sobre el tipo de persona, sus gustos o valores, terminamos muchas veces por cambiar la opinión que teníamos previamente. Pero lo cierto es que la gente atractiva, que no solo guapa, tiene más puertas abiertas.

Incluso existe la idea estúpida de asociar la falta de fuerza de voluntad, el desorden o la pereza a las personas con sobrepeso.

 

Escuchar con atención y empatía

A las personas les gusta hablar de sí mismas. Así que cuando encuentras a alguien que te presta atención, que no monopoliza la conversación, que deja el “yo” para estar pendiente con interés y curiosidad de lo que tú necesitas, esa persona te cae bien. Te hace sentir a gusto porque se está interesando por tu vida, familia, aficiones o trabajo. Cuando nos dedican este tiempo solemos ser muy agradecidos.

 

Recordar el nombre de la persona

Ya lo decía Dale Carnegie, la palabra que más gusta oír es el propio nombre. Cuando tienes la facilidad o la delicadeza de acordarte de los nombres de los demás, suele ser algo que se agradece y se valora.

 

Intuición

“Esta persona no me cae bien, no me preguntes por qué, pero no me cae bien” o “no sé por qué pero esta persona me parece tan buen gente, lo lleva escrito en la cara”. La intuición forma parte de la inteligencia humana. Es la función que detecta cosas sin necesidad de pruebas. Es subjetiva, no está basada en algo que puedas probar. Pero es un sistema de señales que te avisa de algo. Cuando las personas decimos “no sé, no me siento segura haciendo negocios con esa persona” sin tener una prueba evidente de que te va a fallar, es porque nuestra mente detecta algo a lo que no sabe darle nombre, pero que está tratando de prevenirte. Es bueno hacer caso de las intuiciones. Pero también tenemos que tener claro que no pueden limitarnos la vida.

 

Buena gente

Hay personas que son buenas, que tienen buenas intenciones y que piensan que los demás también lo son. La bondad es ausencia de peligro, permite tener una relación en la que no existen amenazas ni traiciones. Y esto da mucha seguridad.

 

Ninguno de estos rasgos es determinante para caer bien. Puedes ser buena gente, pero ser muy negativo en tus conversaciones. Lo ideal es ver de qué careces y qué puede estar siendo ahora una barrera para relacionarte positivamente. Si eres de las personas que tiene dudas de por qué no afianzas tus relaciones, por qué no pasan de la primera cita, por qué la gente no se acerca a ti, igual hay alguno de los puntos que podrías entrenar.

 

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